viernes, 13 de febrero de 2015

DEL MOTOTAXI DE MESSI A LA BARCA DE CRISTIANO













   Mis mejores fotografías siempre son solo, y subrayo solo, las que hace la retina de mi ojo izquierdo sin artefacto fotagráfico por medio; son con mucha diferencia y sin discusión posible mis obras maestras, las que jamás ningún editor gráfico me valorara, ningún jurado de concurso fotográfico me premiara, ninguna sala de exposiciones colgara, ni siquiera las que los de Cien Ojetes con su mala uva y acido humor podrían criticarme; son fotos que ninguna gelatina con sus haluros de plata tan sensibles a la luz, ni sensor foto-electrónico llámese  CCD, CMOS, Foveon X3 o el Coño de la Bernarda jamás captaran, capturaran o simplemente dibujaran. Fotografías como aquella de Messi junto a su moto-taxi en las afueras de Paita camino de Islilla y su blanca, producto de los excrementos de sus aves, isla Foca; o aquella de un pez de carne y espinas, en bicicleta por la panamericana norte a su paso por Zorritos dirección a la gomorra y maleada Máncora.
   Luego están, lo siento de veras, las otras, las menos buenas, que es como decir las malas, las que tu y tus ojos aquí y ahora pueden mirar

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Mi primer desembarco y el último de Carlos V (tercera parte)

   Tras una noche  un tanto agotadora, al día siguiente aún quedaban ilusión y ganas para volver a desembarcar en el viejo Laredo y seguir plasmando gráficamente lo que en sus calles acontecía.
En un punto determinado de la plaza de la Constitución de esta villa marinera  bañada por el bravío Cantábrico, el alfarero crea su pieza de barro ante la mirada  de un grupo poco numeroso de pequeñas criaturas humanas. En otro la herrera y el herrero cruzan sus miradas complices. Y en el tercero un artesano del cristal da forma, bajo el ardiente fuego, a su delicada obra.
Allí cerca en la calle la cual llaman del paseo y que te aproxima al nuevo y al viejo puerto, el mismo camino que te  conduce hacia un túnel reparado ya  hace varios años; en dirección opuesta vienen, acompañados de sonidos de gaitas y de cierto gentío, sendos santinbanquis que forman un todo al construir su acrobacia.
Más tarde me cruzo con dos jóvenes y bellas cortesanas saciando su apetito, ambas luces lentes de épocas futuras.
 Sigo caminando por otra avenida cuando descubro la diminuta figura anacrónica, fabricada en un material desconocido aunque puedo sospechar que se trata de yeso, de un rastafari fumando y saboreando los exótico placeres de una extraña hierba.
Regreso a la anterior y veo a un vendedor ambulante recorriendo una de sus aceras ofertando futuristas maquinas para medir el paso despiadado e implacable del tiempo.







lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi primer desembarco y el último de Carlos V (segunda parte)

   Después me dejé llevar por la noche y las calles de la villa, llenas de vecinos y foráneos.  Olor a comida y hora de cenar.  Más tarde le echo un vistazo al desfile en honor al rey camino de su Yuste final. Ahora junto al antiguo ayuntamiento donde se erige un busto al monarca de la dinastía de los Austrias, custodiado por sendos caballeros a lomo de sus cabalgaduras. Continuo por la avenida que  lleva al túnel y al mar, repleta a ambos lados de tenderetes, mercado medieval lo llaman; al fondo del camino un cetrero y su rapaz nocturna  parecen esperar el momento de ser inmortalizados. Al final durante el regreso y subiendo por la cuesta del infierno camino de las rúas de la puebla vieja los niños juegan a espadachines.